Los abuelos contaban historias de tardes llenas de sol y dicha a las orillas de un cristalino y puro río Medellín. Historias que se remontan a los años 20, cuando los habitantes de la ciudad aún podían pescar, bañarse en las riveras y disfrutar de un día de esparcimiento.Para nosotros ese río nunca existió. Para nosotros la imagen del río Medellín siempre ha sido la de un río muerto, lleno de colores tristes y llenos de rabia, una rabia contenida durante años de contaminación, una rabia expresada en un llanto marrón que rueda a lo largo de su extensión y que se mezcla con envases plásticos, bolsas, troncos de madera, tarros metálicos, bolsas repletas de papeles y demás desechos que viajan al garete entremezclados con los químicos vertidos por las grandes industrias antioqueñas.
Pero el río Medellín, a pesar de su fatal destino, fue tan generoso que reservó para las generaciones actuales, aquellas que no pudimos conocer todo su esplendor, un pedacito de su belleza, nos dejó el esplendor de su niñez.
En el municipio de Caldas, en medio de bosques nativos nació el río Medellín y allí en aquel rinconcito mágico se negó a morir y decidió ser niño y puro siempre…allí desciende desde altas colinas, inquieto y juguetón, puro y cristalino…tal como contaban los abuelos.
Estos son los retratos de aquel mágico lugar, donde el ruido muere, donde el aire es más puro, donde sólo reina el canto de la naturaleza y el retrato de los privilegiados que estuvimos en ese pequeño paraíso.
En el municipio de Caldas, en medio de bosques nativos nació el río Medellín y allí en aquel rinconcito mágico se negó a morir y decidió ser niño y puro siempre…allí desciende desde altas colinas, inquieto y juguetón, puro y cristalino…tal como contaban los abuelos.
Estos son los retratos de aquel mágico lugar, donde el ruido muere, donde el aire es más puro, donde sólo reina el canto de la naturaleza y el retrato de los privilegiados que estuvimos en ese pequeño paraíso.
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